14 de febrero de 2026

Rodolfo Walsh y su casa del Tigre, 50 años después

Este año se cumplirá medio siglo del allanamiento ilegal que realizaron las Fuerzas Armadas en el Tigre en busca del escritor y militante montonero. Historia de una casa rescatada del olvido y destinada a iluminar futuros compromisos revolucionarios. En Revista Resistencias (Ar)

Desde la Ciudad de Buenos Aires, ir al delta del Tigre es fácil: se puede tomar el tren Mitre desde Retiro o el 60 hasta la Estación Fluvial, desde donde parten las lanchas colectivas cada tanto. La forma de llegar a la casa que lleva por dirección río Carapachay número 459 es hoy la misma que era en los años setenta, cuando Rodolfo Walsh y Lilia Ferreyra iban hasta allí a pasar sus días de trabajo y de descanso.

Hoy en esa misma casa viven Mabel y Daniel, generosos militantes que convirtieron el lugar en un sitio de homenaje y de memoria. No es un museo, ni un “Sitio de Memoria” así, con mayúsculas, entre otras cosas porque la vivienda no deja de ser eso: el alojamiento donde hacen sus cosas sus moradores actuales. Pero todo en ella: el espacio desde el muelle hasta la entrada, el interior de la casa, el atrás que se mimetiza con la vegetación isleña y ahora convive con un pequeño parque lleno de símbolos y señales, todo remite a la vida y a la obra de uno de los más lúcidos escritores argentinos que dejó allí su huella, junto a la de su compañera de vida y de militancia. 

La casa que habitaron Rodolfo y Lilia, en su estado actual

“La isla. ´72, abril 30”, fecha el escritor en su diario personal. Cuenta que en ese año han vuelto al Tigre. “Afuera hay un pájaro que trata de cantar como yo trato de dactilografiar: tres pitidos y se para, tres palabras y me paro. Empieza de nuevo, empiezo de nuevo”. En ese sitio Rodolfo escribió cuentos y documentos políticos al ritmo de la naturaleza que lo rodeaba. Cerca del agua, como le gustaba decir. “El Tigre es mi método de trabajo”, declarará años después a la revista Extra

Vivirá y escribirá en una casa que llevaba un nombre preciso, inconveniente –porque ya por aquellos años el escritor se sabía perseguido–, que sintonizó bien con la historia por pura casualidad. Bastante tiempo después de habitarla, él y Lilia descubrieron, bajo unas ramas crecidas, el letrero con el que habían bautizado el lugar sus ocupantes anteriores, con quienes no tenían ninguna relación: el nombre de la casa (todas las casas en el delta del Tigre llevan nombre) era “Liberación”. Sin conocer esa historia, Mabel y Daniel llamaron al lugar “El Edén”, y hoy conviven ambos nombres.

La vivienda estaba allí esperando a Rodolfo y a Lilia, ocultando su verdadera identidad tras un matorral de vegetación crecida (de algún modo, clandestina), del mismo modo que esperará, 20 años después, la llegada de sus nuevos moradores, que comprarán el lugar sin conocer su historia. Peronistas, con sus propias militancias a cuestas, Daniel Argüello y Mabel Gómez supieron que esa vivienda había sido la que habían habitado Rodolfo Walsh y Lilia Ferreyra bastante tiempo después.

Un tercer momento azaroso terminó de sellar el destino que tiene hoy la casa: cuando la propia Lilia Ferreyra, promediando la década de 1990, se embarcó en una lancha y recorrió el Carapachay con sus recuerdos confusos, hasta dar con el lugar. Contó la mujer: “Estábamos en el medio del río y, de repente, sale un hombre y nos pregunta qué nos pasa, si necesitábamos algo. Uno de mis amigos le dice: ´Queríamos ubicar una casa´”.

– Bajen, pasen –invitaron Daniel y Mabel. Cuando tomaron confianza, les preguntaron: –¿Sabían que aquí vivió Rodolfo Walsh?

Lilia se dio a conocer con una expresión particular: 

–Sí, claro… si habré baldeado estos pisos– dijo, al reconocer las baldosas originales que habían sobrevivido a los cambios en el lugar.

El abrazo de emoción al confirmar la coincidencia selló lo que sería el inicio de un camino de reconstrucción histórica, por dar a conocer la vivienda y también por mantener viva la denuncia sobre los responsables del allanamiento que las Fuerzas Armadas realizaron allí como parte del cerco que estaban montando sobre Walsh, poco antes de su secuestro y de la desaparición de su cuerpo.

Una biblioteca reúne todos los libros de Walsh y varios relacionados con su obra

Territorio cercado

“La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años”. 

Cuánto le debió haber dolido a Walsh perder su morada junto al río, que les pasó la factura a los militares por el allanamiento en la primera oración de su rigurosa Carta abierta de un escritor a la Junta Militar. La persecución, la pérdida de su hija Vicki y la casa: la enumeración da cuenta del profundo dolor detrás del odio que se iría galvanizando en el escritor hasta asumir que ya no habría marcha atrás en el enfrentamiento a quienes estaban causando tanto daño, a él, a sus afectos más cercanos y al pueblo todo que padecía la violencia sin límites de la dictadura militar.

Los militares irrumpieron en la casa del Tigre durante la madrugada del 19 de septiembre de 1976. Seis meses después del Golpe de Estado, seis meses antes del asesinato y desaparición de Walsh.

Rodolfo y Lilia tuvieron esa casa como refugio durante años determinantes de sus vidas, entre 1972 y 1976. Durante ese período Walsh, que se había sumado al Peronismo de Base, impulsa el Semanario Villero como parte de una labor militante de formación de corresponsales populares (1972); después se integra a Montoneros, donde participa de tareas de inteligencia (a partir de la asunción de Héctor Cámpora, el 25 de mayo de 1973); colabora con el guión de la versión cinematográfica de su libro más reconocido, Operación Masacre (filmada de manera clandestina y estrenada en septiembre de ese mismo año); publica los libros Caso Satanowsky y Un oscuro día de justicia (1973); participa activamente de la creación del diario Noticias, iniciativa montonera (hasta agosto de 1974); registra el clima represivo que precede al golpe militar y empieza a concebir la labor de la Agencia de Noticias Clandestina, ANCLA (1976).

El desenlace de todo aquello nos lo cuentan Daniel y Mabel, ahora, en la propia casa: “Entre mayo y junio de 1976 Rodolfo Walsh define a la zona de Tigre como «territorio cercado» y decide que no es seguro continuar allí. Lilia viene a esta vivienda y retira todo lo importante: documentación, escritos, claves, y lamenta dejar la máquina de escribir, una hermosa jarra enlozada y un «Mapa del Cielo» que Rodolfo lucía en la pared”. 

Tiempo después de allanada la casa, ese mapa será visto en la ESMA –Escuela de Mecánica de la Armada, el más grande centro clandestino de detención–, entre otras pertenencias del escritor, según declararon sobrevivientes de ese antro de torturas.

A partir de entonces Rodolfo y Lilia pasarán a vivir en San Vicente, al sur del conurbano bonaerense, ya de forma completamente clandestina. Durante su último año de vida el escritor profundizará su labor en tareas de prensa y de Inteligencia en Montoneros: además de la agencia ANCLA, impulsará Cadena Informativa, una serie de cables de noticias que, por su método, dará cuenta del repliegue a que la dictadura estaba forzando a las organizaciones populares y apelará a acciones de resistencia básicas, incluso individuales: 

Cadena Informativa es uno de los instrumentos que está creando el pueblo argentino para romper el bloqueo de la información. Cadena Informativa puede ser usted mismo, un instrumento para que usted se libere del Terror y libere a otros del Terror. Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad”.

Walsh profundizará esa línea de análisis en una serie de documentos internos de carácter crítico a la conducción de Montoneros, en los que propondrá desandar el militarismo que se estaba volviendo estéril y retomar los métodos de la resistencia peronista, “el mimeógrafo y el caño”.

En San Vicente escribirá su último texto político y uno de los más potentes, la Carta Abierta que inicia con la mención de la casa del Tigre. El texto, además de su fuerza política como denuncia y radiografía de los crímenes de la dictadura, fue considerado por Gabriel García Márquez como “una obra maestra del periodismo universal”.

Vivir cerca del agua

En la lancha descubierta, el frío de junio me había cegado a los colores. Después recordé haber visto esos tonos ocres y violetas de las casas, esa luz tierna del atardecer, esa oscuridad de las aguas en el brazo de La Tinta. Pero en Constanza hacía calor; la orilla opuesta se plegaba en terrazas que iban del celeste al gris, sobre la anchura impávida del Guazú. “Es necesario llegar hasta aquí”, recordé con Haroldo Conti, “para saber lo que es un río en esta parte del mundo”.

Liberación no fue la única ni la primera morada de Walsh en el Tigre. Su deseo de escribir cerca de los espacios naturales con agua era para él una obsesión. Contó Lilia que Rodolfo dijo, cuando se fueron a San Vicente: “Hay que seguir la ruta de las lagunas porque nos quitaron el Tigre. Necesito vivir cerca del agua”. Antes de eso, en los años 60, también en el Tigre había habitado otra casa, identificada con el nombre Lorelei. Las fotos que lo muestran junto al río, pescando, son de ese período y no de los años 70, porque en esa última etapa cuidarse de las fotografías era un factor de seguridad elemental. 

Walsh en su morada anterior en el Tigre, la casa “Lorelei”

Durante aquella primera estancia, Walsh escribió una larga crónica para la revista Georama, publicada en septiembre de 1969, que llevó por título “Claroscuro del Delta”. Allí hace la descripción que figura como epígrafe de este apartado, en un estilo que parece homenajear a la prosa de su amigo Haroldo Conti, a quien menciona por nombre y apellido. Contó Lilia a Daniel y a Mabel que una vez le pidió a Rodolfo una recomendación de lectura, y él no dudó en darle el libro Sudeste, de Conti, un relato signado por el ritmo de la respiración de las islas de ese mismo delta que habitaban (también la casa del autor de Sudeste se puede visitar en el Tigre). “Es la mejor novela, la tendría que haber escrito yo si no lo hubiera hecho antes este hijo de puta”, le dijo, invocando a su amigo con el insulto cariñoso, a modo de admiración y cierta envidia. 

Haroldo Conti y Rodolfo Walsh en el Tigre

El último texto literario de Walsh, que escribió y terminó en San Vicente en paralelo a la redacción de la Carta abierta, llevó por título “Juan se va por el río”. Al igual que el escritor, el cuento cayó en manos de sus captores y aún permanece desaparecido.

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En septiembre de 2026 se conmemorarán 50 años de los allanamientos en el Tigre (porque fueron más de una vez, y violentaron otras viviendas vecinas además de la de Lilia y Walsh). Dentro de un año se cumplirá, además, un siglo del nacimiento de Rodolfo (el 27 de enero) y medio siglo de su asesinato y desaparición (el 25 de marzo). Vivimos tiempos de “batallas culturales” por momentos bizarras pero sobre todo peligrosas, en las que la iniciativa parece estar del lado del “enemigo”, para usar un término al que apela el propio Walsh en sus análisis de coyuntura de inicios del año 77. Mantener en alto su recuerdo, su homenaje y su legado será parte de esa batalla. Una forma de honrar –de nuevo apelando a sus palabras– “el compromiso de dar testimonio en momentos difíciles”. Hasta que la Liberación vuelva a ser el horizonte, y no solo un recuerdo arrumbado entre las matas.