En Casa de las Américas me propusieron grabar un video para hablar de la proyección de Fidel en Nuestra América, porque en agosto se cumplirán 100 años de su nacimiento. Elegí referirme a tres momentos en Argentina, Colombia y El Salvador:
Para valorar la importancia y la trascendencia histórica de Fidel hubiera bastado con la sola concreción de la Revolución Cubana, que contagió a los pueblos que luchaban por su liberación y vieron en Cuba la posibilidad cierta de concretar esos anhelos, a partir del ejemplo del Che y de la conducción siempre firme y siempre pedagógica de Fidel.
Sin embargo, desde entonces, durante décadas no hubo rincón de Nuestra América donde no llegara su legado; en Argentina ha estado innumerables veces, y aun cuando no estuvo físicamente su orientación resultó decisiva, como sucedió en el año 2005 durante la Cumbre de las Américas de Mar del Plata, donde nuestros países le pusieron un freno histórico a la prepotencia imperial con el No Al ALCA; desde los presidentes en las tarimas hasta las movilizaciones en las calles y la presencia de Diego Maradona junto a Evo Morales, nos consta la visión estratégica y las orientaciones tácticas que fueron marcadas de cerca por Fidel, desde Cuba, para que aquella batalla política decisiva se librara del modo eifcaz en que se libró.
Años después, cuando me tocó estudiar el conflicto armado en Colombia, también volví a toparme con la grandeza de Fidel, su disposición plena a apoyar y estar pendiente de los movimientos de liberación primero, y a ofrecer a Cuba como tierra de Paz después; su libro ´La Paz en Colombia´ recoge unos diálogos valiosísimos con el ELN y con las FARC donde Fidel se muestra conocedor de la historia del conflicto y apasionado por aportar a la mejor vía de avance para esos procesos revolucionarios.
Más recientemente, volcado a investigar la vida del poeta salvadoreño Roque Dalton, volví a encontrarme con Fidel, en el aliento permanente a las juventudes rebeldes centroamericanas, en su amistad personal con el poeta y, después, en el impulso decisivo que dio a las organizaciones insurgentes para que maduraran su proceso unitario cuando la revolución era todavía una posibilidad.
Centenares, tal vez miles familias de revolucionarios latinoamericanos que fueron perseguidas en sus países fueron recibidas en la Cuba de Fidel, y aún hoy gozan de esa solidaridad.
A eso se suman los programas Yo sí puedo, Operación Milagro, la Escuela Latinoamericana de Medicina, las incontables misiones no solo en Nuestra América sino a disposición de cada pueblo del mundo al que Cuba pudo ayudar. El legado de Fidel no solo está vigente, sino que sus derivas solidarias y combativas al día de hoy siguen siendo imposibles de abarcar.