8 de mayo de 1997

Neuquén: Si Evita viviera sería fogonera

El 24 de marzo se cumplía un nuevo aniversario del golpe genocida del `76, mientras en todo el país, los docentes realizaban el primer paro nacional en repudio a la política educativa y la ley Federal de Educación. En Neuquén, la decisión de reducir por decreto un 20% los salarios estatales extendió la protesta al conjunto de los trabajadores afectados, y el corte de las rutas 22 y 27 ya preanunciaba el perfil de los conflictos que, durante todo el mes, culminarían en las puebladas que tuvieron su epicentro en Cutral-Có y Plaza Huincul. En El Descamisado (Ar)

El desamparo en que quedaron estos pueblos de trabajadores después de la privatización de YPF y la consecuente pérdida masiva de puestos de trabajo, sumado a los efectos del ajuste estructural, refleja el resultado de un modelo de dominación donde el hambre, la miseria y el desempleo actúan como ejes de una opresión que se articula y complementa con una represión cada vez más abierta y descarada.

La situación no es nueva. Ya en agosto del año pasado, más de 20 mil personas sobre una población total de 50 mil, habían protagonizado los primeros piquetes en las mismas rutas que, ocho meses despúes, volvieron a ser cortadas. Las promesas de entonces de generar puestos de trabajo, brindar subsidios de desempleo e incentivar la producción en la zona habían quedado en la nada. Esta vez, las demandas fueron prácticamente las mismas: hay hambre y no hay trabajo. Pero las posturas más firmes, y la decisión de los fogoneros de “no transar como los piqueteros del año pasado, que se vendieron”, se hicieron fuertes en cada corte de ruta. A esta forma de llamar la atención sobre la situación de extrema gravedad que todo un pueblo padece, desde el poder se la declara ilegal, y se la manda a reprimir. Y a la legítima defensa a la represión que ejerce un pueblo, desde el poder se la declara “gimnasia pre-subversiva”, y se envían entonces más gendarmes para volver a reprimir.

El 12 de abril los gendarmes avanzaban sobre la población equipados como si estuvieran preparados para la reedición de “La Guerra de las Galaxias” (ver recuadro) y la policía de la provincia completaba el trabajo sucio reprimiendo en las barriadas populares. Exactamente dos años antes, Victor Choque caía asesinado por la policía que enfrentaba a los trabajadores metalúrgicos en Tierra del Fuego. Ese mismo día la represión se cobraría a otra víctima del campo popular, Teresita Rodríguez, empleada doméstica. Esta vez la reacción se hizo sentir no sólo en las grandes movilizaciones de repudio, sino también en el reconocimiento por parte de los mismos pobladores, de Teresita como Mártir de las luchas populares. Resulta paradójico que, en esta “democracia”, para reclamar por el pan y el trabajo haya que estar dispuesto a enfrentar a las “fuerzas de seguridad”, convertidas en ejército de ocupación.

            ¿Cómo comparar la violencia de un pueblo que arrinconado por el hambre y la desocupación reacciona cortando rutas para que un poder sordo e inhumano le preste atención, con la premeditación y alevosía de un modelo que, de manera calculada, ejecuta a rajatablas una política que condena a la muerte lenta a millones de argentinos?

Así, cuando las papas queman y la bronca se extiende, los gobiernos provinciales y el poder central se pasan la pelota deslindando responsabilidades. Sapag dice que el gobierno nacional “no le da pelota”, mientras Corach asegura que la responsabilidad es de la administración provincial. Lo cierto es que tanto uno como el otro se preocupan por evitar que los ejemplos de lucha se “contagien” hacia otros sectores críticos, de la única manera posible: alistando a la represión. Pero el conflicto, lejos de solucionarse con el levantamiento del corte de rutas, tenderá a profundizarse y a extenderse a otras regiones del país, en la medida que las promesas no se concreten y las situaciones de necesidad se agraven. Cualquier otra región del país puede ser el próximo Cutral-Có. Quienes detentan el poder son conscientes de que esta realidad lleva a nuestro pueblo a un callejón sin salida, o mejor dicho, con una única salida, ya que, como dijera Perón: “No hay fuerza capaz de doblegar a un pueblo que se decide a luchar por sus derechos”.

Hoy por hoy, las distintas luchas de todo un pueblo cansado de farsas, mentiras, traición e injusticias, expresan broncas que se transforman en puebladas como las de Neuquén,  y que se hermanan a tantas otras que han habido, y a las que inevitablemente vendrán. Necesitamos vertebrar un cauce común que nos permita acumular cada esfuerzo de nuestra gente; unir y organizar esa pasión que crece en cada reclamo, en cada protesta, para ir movilizando conciencias y despertando confianzas en la posibilidad, anhelada y todavía no conquistada, de una Patria Justa, Libre y Soberana. Es necesario ponerse de pie frente a la necesidad y la urgencia de conformar una construcción y una conducción política que le dé horizonte a los miles de matices que iluminan los conflictos que llevan adelante los mejores hijos de la Patria. Debemos apelar, si es necesario, a la fuerza que heredamos de las camadas que antes que nosotros nos marcaron a fuego, al enseñarnos de qué se trataba cuando se defendían ideales que hoy mantienen inalterable su vigencia. Hagamos todas las correcciones que hagan falta, pero jamás perdamos la pasión para asumir la responsabilidad, que hoy nos debe convocar, de transformar a partir de nuestra acción este ofensivo estado de injusticia en el que se encuentran nuestra Patria y nuestro Pueblo. No debe haber puestos privilegiados ni luchas más importantes que otras. Cada fábrica que reclame, cada marcha que inunde las calles, cada olla popular que se levante o cada fogón que se encienda en un corte de ruta es importante. En cada rincón donde florezca la resistencia, tendrá que haber compañeros uniendo, organizando, movilizando y peleando. La tarea de construir entre todos la Tercera Resistencia Peronista nos convoca a todos y a cada peronista, como también a los que no lo son pero comparten la tarea de la hora. Nosotros con humildad, no queremos faltar a la cita.

 

 

 RECUADRO

Gendarmería Nacional: ¿“Centinela de la Patria” o Ejército de Ocupación?

 La imagen tradicional de la Gendarmería como garantes de la soberanía, custodios de las fronteras nacionales, nada tiene que ver con la imagen a la que cada vez nos tienen más acostumbrados: represores del clamor popular. Es coherente que, en un modelo de exclusión de las grandes mayorías, se destinen tantos millones en una parafernalia represiva con el fin de silenciar a docentes en huelga de hambre y a muchachos que defienden su dignidad a fuerza de gomas quemadas, hondas y piedras 

 

Retrato de un fogonero

 “No pidas el nombre porque no te lo voy a dar. Tengo 17 años, soy hincha de River, estudié la primaria, y desde que dejé la escuela ando de aquí para allá. Vivo en el barrio 450 Viviendas, y es uno de los más duros de Cutral-Có. Hay un cartel por ahí que dice: “No sea cobarde, visite Cutral-Có”. Después de lo que pasó, la yuta nos va a buscar, saben donde vivimos. Ahora que se terminó la pueblada voy a seguir con mi vida: sin laburo, haciendo una changa cada tanto, aguantando. Los sábados voy a bailar a Terremoto, uno de los boliches que hay acá, escucho a Sombras y trato de pegar una mina. Mi viejo era un obrero de YPF, y yo me acuerdo que hasta la privatización vivíamos bastante bien. Después, cuando lo echaron, con una buena indemnización, tuvimos uno o dos años muy buenos. Pero la indemnización se acabó. Estamos todos desocupados y no tenemos ninguna posibilidad de conseguir un laburo. Nos pusimos “fogoneros”porque no queríamos ser como los piqueteros, que nos traicionaron el año pasado. Eran buena gente, como nosotros, pero los chabones se vendieron. Nosotros no. Podemos ser cualquier cosa menos traidores.

            Dentro de cuatro meses vamos a estar otra vez en la calle. Ya te dije que los fogoneros no somos traidores ni nos vendemos a nadie”.

                                                                        Tomado del Suplemento Sí de Clarín, 25 de abril de 1997