8 de mayo de 1997

Perú: Terrorismo, pero de Estado

“- Son Marxistas?

 - No.

 - Son Castristas?

 - Qué es eso?

 - Qué son?

 - Somos los que luchamos por un Perú más justo.”

                                                                Entrevista a un combatiente del MRTA, a los tres días de la toma de la Embajada. 

En El Descamisado (Ar)

A pocos días de la masacre ordenada por Fujimori en la residencia del embajador japonés en Lima, siguen apareciendo versiones que no hacen más que confirmar lo que, desde los primeros minutos de iniciada la recuperación militar, podía preveerse: ante el reclamo por parte de los “emerretistas” de libertad a sus compañeros presos, ante la voluntad de diálogo y el respeto a las vidas de los prisioneros de guerra (como ellos mismos habían definido a los rehenes), desde el poder se optó por el aniquilamiento de los combatientes que habían tomado la embajada. Fusilamiento de quienes se encontraban desarmados, el “tiro de gracia” para cada uno de los emerretistas abatidos, la retención de los cuerpos sin vida y la privación a los familiares de reconocer los cadáveres y brindarles sepultura, forman parte de los métodos con los que Fujimori preanuncia que en el futuro encarará las situaciones “de insurgencia”. 

            Mucho se debate por estos días acerca de la popularidad o el rechazo de la medida, la condena que provocó de parte de organismos de derechos humanos, e incluso las declaraciones del vocero del MRTA en Europa, Isaac Velazco, anunciando la “guerra que se viene” en el Perú. Para poder analizar más en profundidad las consecuencias y el real significado de este final impuesto a la toma de la residencia por medio del Terrorismo de Estado, es necesario echar un vistazo sobre los orígenes que generaron esta acción.

 Orígenes de la violencia: la injusticia 

En América Latina, la aplicación descarada del modelo de opresión dictado por el imperio, encontró en los distintos países a los verdugos del pueblo que estuvieran dispuestos a avanzar contra los derechos y conquistas populares. Salinas de Gortari en los ‘80, hizo punta con la preparación de México para su entrada al primer mundo, globo de ensayo que vendrían a pinchar años después los zapatistas. Ya en los ‘90, otros fueron los títeres que encabezaron la oleada globalizadora: Fujimori y Menem se erigieron como los mejores alumnos del Tío Sam.

El impacto inicial que estas transformaciones provocaron, generaron un desconcierto en los sectores populares que permitió tanto a uno como a otro avanzar en las reformas estructurales que requerían los nuevos parámetros de la entrega. Menem, se subió al “cavallo”de la estabilidad para apañar su farsa. Fujimori, enarboló dos banderas: por un lado la lucha contra la corrupción, con lo que justificó el autogolpe y paralizó a un sistema político de por sí inconsistente, y por otro, el aniquilamiento de la subversión, como materia que el Perú tenía pendiente desde décadas atrás a diferencia de los “logros” alcanzados por las distintas dictaduras del continente. Al igual que en nuestro país, el verso de la lucha contra la corrupción perdió eficacia al ser los mismos gobernantes y políticos quienes necesitan de ella para dejar de lado a los sectores que alguna vez fueron funcionales al sistema, pero hoy sólo significan un lastre, y más para repartir la torta. La “subversión”, la rebeldía de los que no se resignan, volvió de la mano del MRTA a ponerse en pie de lucha.

 

La Toma de la residencia, un cachetazo al sistema

Aunque seguramente deba pasar algún tiempo para que otra acción de parte de quienes en el Perú no bajan los brazos le vuelva a borrar la sonrisa a Fujimori, es importante no pasar por alto los logros políticos de la acción emprendida por el MRTA. La toma de la residencia del embajador japonés en Lima,  demostró que:

- La “estabilidad y progreso” que hacia adentro y hacia afuera exhibía el gobierno de Fujimori, no era más que una fachada.

- Que bajo esa farsa, los sectores revolucionarios no claudicaron en sus intentos por retomar un camino de liberación para su Patria.

- Tras la crisis, aparece con más fuerza la “otra cara” del modelo: el hambre y la miseria.

- Para acallar la bronca popular, se mantienen encarcelados alrededor de diez mil militantes políticos y luchadores populares (más de 400 del MRTA).

- Que para denunciar y revertir esta situación de injusticia así como las situaciones cotidianas que genera la explotación, no quedó otro camino que la acción.

- La forma de manejar la situación desde un comienzo por parte del comando del MRTA, incluso respecto a los rehenes, permitió el reconocimiento de parte de quienes tuvieron contacto con ellos, quebrando la imagen de “delincuantes terroristas” y generando mejores condiciones para ampliar su base de legitimidad.

- A través de las injerencias yanquis, quedó claro quién manda: del imperio provinieron las primeras presiones para que no se cediera ni un milímetro a las peticiones rebeldes, instando a la salida “militar”a la crisis. El grado de injerencia se vio reflejado también en la participación en tareas de inteligencia de agentes del Comando Sur del Ejército Norteamericano, y en el entrenamiento a los militares peruanos por parte de las fuerzas militares especiales de Gran Bretaña (SAS).

- A pesar de haberse “agotado las ideologías” quedan compañeros que no bajan las banderas, que no buscan una solución personal, que no van a dejar el frente de batalla, y que están dispuestos a dar la vida por su pueblo.

Creemos que no es este el momento para analizar si el Comando del MRTA no valoró el hecho político logrado con la toma en sí misma, si debieron haber aceptado la salida del país hacia Cuba, o si subestimaron la decisión del Poder de aniquilarlos y confiaron en la negociación. Durante la crisis, los argumentos utilizados por los voceros del sistema para desprestigiar la acción del MRTA, perdieron sentido; ya nadie puede sostener que se trató de una acción aventurera, del último intento de una organización en extinción, de la búsqueda de espacio en el juego político del sistema por parte de quienes quieren salir de la ilegalidad, o de un simple intento de soborno a los empresarios japoneses, como en su momento se dijo.

En la residencia se libró sólo una batalla más de la guerra por la liberación que (no sólo el MRTA) están librando en el Perú. En el marco del proceso continental de búsqueda de nuevas estrategias en el que la lucha sigue siendo la forma en común, la firmeza en las demandas y la entereza con que el comando emerretista transitó la crisis fueron suficientes para destacar la moral revolucionaria y la consecuencia en los principios, valores que hoy en día siembran nuevos aires de esperanza...